Ningún bloque alcanza la mayoría
Los sondeos a pie de urna difundidos por las principales cadenas de televisión israelíes y los datos oficiales parciales sitúan el bloque gobernante de Benjamín Netanyahu y la alianza opositora liderada por el exgeneral Gadi Eisenkot en torno a 51 escaños cada uno, es decir, prácticamente igualados. Según esas mismas proyecciones, ninguno se acerca a los 61 escaños necesarios para formar una coalición mayoritaria.[S1][S2][S3][S4][S5][S6][S7][S8]
El Comité Central de Elecciones, con cerca de un tercio de los votos contados, informó de 28 escaños para el Likud de Netanyahu y 21 para el partido de Eisenkot, Yashar. Se espera que esas cifras cambien de forma sustancial a medida que avance el escrutinio, ya que el sistema proporcional israelí puede alterar el reparto de escaños con variaciones muy pequeñas del porcentaje de voto.[S1]
Habló a las tres de la madrugada, hora local, y se comprometió a construir una coalición mediante acuerdos entre el Likud, las facciones de extrema derecha y los partidos religiosos judíos; dijo a sus seguidores que debe formarse un gobierno de derechas y que la mayoría judía y sionista debería unirse. Eisenkot, ante sus partidarios en Tel Aviv, afirmó que los votantes habían elegido el cambio y sostuvo que Netanyahu debería haber anunciado ese mismo día su retirada de la política.[S1]
Participación récord de los ciudadanos palestinos
Los comicios registraron una participación del 77,7%, la más alta desde 1999, con más de siete millones de personas con derecho a voto. La afluencia creció de forma marcada entre los ciudadanos israelíes de origen palestino, una minoría discriminada que representa cerca del 20% de la población y que en buena parte ha reclamado una voz política más fuerte tras décadas de boicot a las elecciones del Estado judío.[S1]
Los sondeos a pie de urna proyectaron unos 18 escaños para los partidos palestinos, frente a los 10 anteriores. Su peso en cualquier coalición sigue siendo incierto: Netanyahu ha calificado de inadmisible un gobierno respaldado por partidos palestinos, mientras Eisenkot ha dicho que los partidos liderados por árabes no cumplen los criterios sionistas para gobernar. Millones de otros palestinos bajo dominio israelí en Cisjordania ocupada y Gaza no pueden votar, lo que ha suscitado acusaciones de apartheid.[S1]
Una campaña planteada como referéndum sobre Netanyahu
Los comicios se interpretaron en amplios sectores como un veredicto sobre el primer ministro, de 77 años, juzgado por cargos de corrupción que niega y criticado dentro del país por la falta de preparación ante los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. La campaña fue febril incluso para los parámetros israelíes: Netanyahu publicó una imagen de una explosión nuclear arrasando Tel Aviv en la víspera de la votación y sugirió sin pruebas que la izquierda y los partidos árabes intentaban robar el resultado, una afirmación que el Comité Central de Elecciones rechazó.[S1]
Las figuras de la oposición describieron las proyecciones como una derrota del primer ministro. El expresidente del Gobierno Yair Lapid afirmó que el bloque de Netanyahu había sido aplastado y que la ciudadanía le había pedido que se marchara. Netanyahu y otros partidos intentaron mantener abiertos los colegios más allá del cierre previsto a las 22.00, una petición que el comité denegó.[S1]
Un bloqueo podría, sin embargo, convenir a Netanyahu: le permitiría seguir en el cargo en funciones mientras frustra los intentos opositores de formar gobierno y, posiblemente, forzar otra convocatoria anticipada. Israel celebró cinco elecciones entre 2019 y 2022 en condiciones similares. La votación se produjo mientras Israel afronta acusaciones de genocidio por Gaza, donde han muerto más de 74.000 palestinos, y mientras el Tribunal Penal Internacional busca a Netanyahu por presuntos crímenes de guerra.[S1]







