Un shock de oferta, no una falla de la política
En el acto por los 160 años de la Sociedad Rural Argentina, el presidente Javier Milei atribuyó la desaceleración del crecimiento a un shock de oferta externo, descartó el estímulo fiscal o monetario como respuesta y presentó a los empresarios como el motor central de la economía. Antes que él, el ministro de Economía, Luis Caputo, y el canciller, Pablo Quirno, también habían expuesto en el mismo escenario. Milei contó que había llegado desde España después de las siete de la mañana y habló pasado el mediodía ante una sala con representantes del agro, la energía y la minería.[S1]
El argumento central del mandatario se apoyó en la noción de shock de oferta negativo: la menor oferta de petróleo derivada de las tensiones en el estrecho de Ormuz encarece los costos de producción, presiona los precios al alza y obliga a los bancos centrales a subir las tasas, lo que enfría la actividad. Ante los empresarios presentes, afirmó que estaban atravesando un shock de ese tipo. Desde esa lectura, cuestionó con dureza a quienes proponen compensarlo expandiendo la demanda agregada, ya sea por la vía monetaria o la fiscal.[S1]
Flexibilizar la política monetaria cuando la base monetaria amplia lleva casi doce meses sin crecer equivaldría, sostuvo, a arrojar combustible al fuego. Sobre el déficit fiscal, agregó que resulta inviable con las condiciones actuales del crédito internacional. Dijo no saber si esas propuestas responden a ignorancia o a deshonestidad intelectual, principalmente entre los economistas que insisten en esas alternativas, y no descartó una tercera posibilidad: que algunos quieran directamente que el país se incendie para volver a las andadas. Remató afirmando que no existe sustituto para una buena política económica.[S1]
Héroes, reglas y el papel del Estado
Buena parte del discurso estuvo dedicada a reivindicar la figura del empresario desde una perspectiva teórica. Milei citó al economista Israel Kirzner para explicar que el empresario advierte una oportunidad de ganancia donde los demás ven un problema o no ven nada, y al investigador Hernando de Soto para señalar que esa función crea información que antes no existía y coordina a millones de personas que no se conocen entre sí.[S1]
Sobre esa base, el presidente trazó una distinción entre el Estado y el sector privado: el primero debe fijar reglas y no distorsionarlas, mientras que la creación de riqueza corresponde a los empresarios. Sostuvo que la prosperidad es resultado de las instituciones y del libre juego de los individuos, y no de una naturaleza previa a la acción humana. Para ese papel reservó una definición que contrasta con calificativos anteriores: dijo que no encontraba otro nombre para los empresarios que el de héroes. Los medios que cubrieron el acto destacaron esa caracterización en sus titulares.[S1][S2][S4][S7]
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Varios medios también informaron que Milei prometió eliminar las retenciones al campo, y algunos titulares afirmaron que esos derechos de exportación desaparecerán. El relato completo del discurso no detalló un cronograma ni un mecanismo para esa promesa.[S3][S5][S6][S8]
Equilibrio fiscal y el rechazo a la devaluación
Otro tramo del discurso defendió el equilibrio fiscal como eje del programa económico y advirtió sobre quienes proponen matizarlo. Milei vinculó el desequilibrio de las cuentas públicas con las distorsiones macroeconómicas que, según su lectura, castigaron a la Argentina durante casi un siglo: la deuda, la inflación, las regulaciones y los controles de precios serían consecuencias directas del déficit fiscal. Afirmó que cada regulación y cada efecto macroeconómico devastador padecido durante ochenta o noventa años tiene como correlato el desequilibrio fiscal.[S1]
El presidente fue terminante con quienes dicen querer superávit pero con excepciones sectoriales. Sostuvo que detrás de cada salvedad hay un gasto que alguien quiere conservar y resumió su posición señalando que quienes piden superávit con condiciones en realidad están pidiendo déficit. Un superávit, agregó, exige esfuerzo político además de esfuerzo económico, y advirtió que quienes prometen el paraíso para llegar al poder nunca podrán sostenerlo. Cerró ese pasaje afirmando que el equilibrio fiscal no se negocia, ni con ninguna condición, entre aplausos.[S1]
Milei también rechazó la devaluación como herramienta de competitividad, al describirla como abaratar lo argentino a costa de los argentinos, licuar los salarios, destruir el ahorro y desvalorizar las empresas de un plumazo. Descartó el argumento de fondo al señalar que a los pocos meses de una devaluación los precios se acomodan y el problema estructural permanece. En cambio, defendió el camino que dijo haber elegido su gobierno: bajar el costo impositivo y el costo del capital, desregular la economía y favorecer la infraestructura a través del sector privado. Mencionó la licitación de 9.000 kilómetros de rutas, el avance sobre otros 6.000 kilómetros y la desregulación de la hidrovía, y describió esa vía como la genuina, en contraste con los gobiernos anteriores.[S1]







