Una carrera reñida con ecos regionales
Encuestas electorales recientes muestran una contienda estrecha entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro de cara a la votación del domingo 4 de octubre, cuando más de 158 millones de brasileños están habilitados para sufragar. Los sondeos publicados en los últimos días sitúan la diferencia, en varios casos, dentro de los márgenes de error. La elección decidirá quién ocupa la Presidencia durante los próximos cuatro años y también pondrá frente a frente dos enfoques sobre el papel del Estado, la seguridad, la política fiscal y el desarrollo energético.[S1]
Brasil vota después de una serie de elecciones en América Latina en las que candidatos y partidos de derecha o centroderecha han ganado. Este año, Abelardo de la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial en Colombia el 21 de junio, mientras que Keiko Fujimori fue elegida presidenta de Perú en la segunda vuelta del 7 de junio. En Costa Rica, Laura Fernández ganó las elecciones presidenciales en primera vuelta el 1 de febrero. En 2025, José Antonio Kast ganó la segunda vuelta presidencial en Chile, Daniel Noboa fue reelegido en Ecuador, Rodrigo Paz ganó la segunda vuelta en Bolivia y Nasry Asfura fue declarado presidente electo de Honduras.[S1]
Seguridad: integración frente a castigo
Flávio Bolsonaro, de 45 años, es el heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado contra Lula da Silva el 8 de enero de 2023. Busca que Brasil vuelva a girar hacia la derecha con promesas que les dieron resultados a líderes de esta corriente en la región. Promete reducir el Gobierno central con recortes ministeriales, de la misma forma en que lo hicieron el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa y el colombiano De la Espriella. También apuesta por una política de mano dura contra el crimen organizado, con la construcción de megacárceles al estilo del salvadoreño Nayib Bukele y la declaración de organizaciones narcotraficantes como terroristas, siguiendo los pasos del estadounidense Trump. En el plano energético, contempla ampliar la explotación de recursos como petróleo y gas.[S1]
Lula, de 80 años, reconoce la necesidad de actuar contra el crimen organizado, pero partiendo de la inteligencia y la prevención más que de un enfoque punitivo. En seguridad, propone fortalecer el Sistema Único de Seguridad Pública (SUSP) para integrar y coordinar las acciones de seguridad entre los distintos niveles de gobierno. También plantea 10.000 millones de reales (US$1.900 millones) en financiamiento reembolsable del Fondo Nacional de Inversión en Infraestructura Social (FIIS) para que los estados inviertan en infraestructura y equipamiento de seguridad. Flávio Bolsonaro promete declarar al Primeiro Comando da Capital (PCC), al Comando Vermelho (CV), las milicias y otras facciones como organizaciones narcoterroristas, así como bloquear sus activos para atacar sus fuentes de financiación. Quiere construir cinco nuevas cárceles federales de máxima seguridad, inspiradas en el modelo de El Salvador, y crear 500.000 nuevas plazas en el sistema penitenciario en cuatro años.[S1]
Economía: progresividad tributaria frente a recortes
En economía, Lula propone financiar el desarrollo económico con mayor progresividad tributaria, de modo que quienes tienen mayores ingresos paguen proporcionalmente más, y combatir las distorsiones del sistema tributario. Además, apuesta por mantener el nuevo arcabouço fiscal (2017) para controlar el crecimiento del gasto sin perjudicar las políticas sociales y preservar espacio para la inversión pública. Flávio Bolsonaro, en lo que parece una adaptación de la motosierra de Milei o el machete de Noboa, promete un tesouraço, o tijeretazo, para reducir al menos una decena de ministerios y, en general, el tamaño del Gobierno central. Contrario a Lula, quiere reducir los impuestos, aunque no es explícito si beneficiaría a los más ricos, y reemplazar el arcabouço fiscal vigente.[S1]
Energía y medioambiente: dos direcciones
Lula propone desarrollar cadenas productivas vinculadas a la economía verde y avanzar hacia una transición a una economía de bajo carbono, al tiempo que plantea alcanzar la deforestación cero en la Amazonía. También defiende la explotación del presal como parte de una estrategia de soberanía energética, pese al avance de la transición hacia fuentes de energía más limpias. Flávio Bolsonaro promete ampliar la explotación de hidrocarburos y procesar los minerales críticos en territorio nacional, sin descuidar las energías limpias. Asimismo, plantea agilizar el licenciamiento ambiental y brindar mayor seguridad jurídica a los inversores, además de modernizar la legislación para favorecer la construcción de centros de datos en el país.[S1]







