Cuando leo que la Reserva Federal ha elevado su rango objetivo al 3,75 %–4 %, y que el oro cayó más de un uno por ciento en un solo día, preguntaría primero qué se está midiendo. La palabra valor, como he observado, tiene dos significados diferentes: a veces expresa la utilidad de algún objeto particular, y a veces el poder de comprar otros bienes que confiere la posesión de ese objeto. El oro tiene un gran valor de cambio; su valor de uso, aparte del ornamento y de unas pocas artes, no es lo que mueve el mercado. Lo que se movió en este episodio fue el poder de comprar otros bienes que el oro manda frente a un dólar que la tasa más alta había fortalecido.
El artículo nos dice que el dólar más fuerte elevó el costo de comprar oro para los compradores extranjeros, y que el costo de oportunidad de mantener un metal que no devenga intereses sube cuando las tasas suben, llevando el capital hacia activos de mayor rendimiento. Distinguiría aquí entre lo nominal y lo real. El precio del oro en dólares cayó; si la cantidad de trabajo que puede mandar cayó en la misma proporción es otra cuestión, y el artículo no la resuelve. Una tasa más alta altera la proporción entre el valor del capital y el valor de su uso; no nos dice por sí sola cuánto vale el oro en el mercado general de bienes.
También señalaría lo que el artículo deja abierto. Atribuye la caída a los efectos combinados de la decisión sobre las tasas, un dólar más fuerte, una inflación persistente y múltiples presiones geopolíticas, y reporta el énfasis del presidente en la estabilidad de precios. Son varias causas actuando a la vez, y no pretendería separarlas a partir del precio de un solo día. El precio de mercado de una mercancía puede apartarse de su precio natural, y las causas que elevan o hunden las partes del precio no siempre son visibles en la cotización. Lo que observaría es la disposición de los incentivos: hacia qué se atrae el capital, y qué esperan poder comprar después con él los tenedores de oro.