Una tercera votación secreta estrecha la carrera
El Consejo de Seguridad celebró el viernes en Nueva York su tercera votación informal para avanzar en la elección del próximo secretario general de las Naciones Unidas, un proceso que refleja las tensiones geopolíticas globales. El sufragio fue secreto y a puertas cerradas, por lo que no se conocieron las posiciones individuales de los 15 miembros del Consejo. Rafael Grossi, el argentino de 65 años que dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica, terminó con cinco apoyos, ocho rechazos y dos miembros registrados como sin opinión. Eso representó una caída respecto de la ronda anterior, cuando había obtenido siete apoyos, seis rechazos y una abstención.[S1]
Las dos candidatas más cercanas a Grossi obtuvieron mejores resultados. Carolyn Rodrigues-Birkett, ex canciller de Guyana, reunió nueve apoyos, cinco rechazos y una respuesta de no opinión, mejorando su registro previo de ocho, tres y cuatro. Rebeca Grynspan, ex vicepresidenta de Costa Rica, recibió ocho apoyos, seis rechazos y una abstención, frente a siete, cuatro y cuatro. Otros postulantes quedan más atrás, entre ellos la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el diplomático ugandés Olara Otunnu, el expresidente senegalés Macky Sall y la exministra de Comercio de Ecuador Ivonne A-Baki.[S1][S2]
Para imponerse al final del proceso, un candidato necesita al menos nueve votos y debe evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. El nombre se somete después a la Asamblea General, que en la práctica suele respaldar al candidato recomendado. Diez miembros no permanentes integran el Consejo sin derecho a veto: Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia, Bahrein, Colombia, República Democrática del Congo, Letonia y Liberia.[S1]
Vetos, Malvinas y el reclamo de una mujer
Como los cinco miembros permanentes deben aceptar al ganador, la carrera está marcada por negociaciones globales que muchas veces exceden la capacidad real de los candidatos. El presidente Donald Trump respalda a Grossi, a quien considera una figura técnica y pragmática para una organización que el estadounidense juzga ineficiente. Aunque las votaciones son secretas, China y Rusia podrían haber vetado a Grossi el viernes, como habría ocurrido en la segunda ronda, quizá con el acompañamiento de otro miembro no permanente. Gran Bretaña también podría haber cambiado de posición en medio de la controversia por Malvinas, aunque no trascendió información pública. Fuentes que conocen estas elecciones señalaron a Clarín que es habitual que las potencias veten candidatos en esta instancia como arma de presión para negociar en las rondas posteriores y definitivas.[S1]
Entre bambalinas podrían discutirse titulares en otros organismos, presupuestos o cargos, además de temas globales candentes como Oriente Medio, la guerra en Ucrania y el debate sobre la inteligencia artificial. En una entrevista con Clarín semanas antes, Grossi se mostró confiado en que su candidatura era fuerte, sólida y muy competitiva, y en que podía reunir apoyo de todos los sectores. Desde entonces surgieron complicaciones. Una fue la irrupción del tema Malvinas luego de que Trump presionara públicamente a Gran Bretaña para abandonar la neutralidad en la disputa por la soberanía; Grossi había dicho que confiaba en tener el voto británico, que ahora parece en duda.[S1]
Otra señal de alerta llegó desde la resolución final de una reciente cumbre del BRICS, que destacó que ninguna mujer fue elegida jamás secretaria general de la ONU y que solo una persona de América Latina y el Caribe y solo dos de África ocuparon el cargo. Resaltar la ausencia histórica de una líder femenina pareció una señal de respaldo de Rusia y China a Grynspan, aunque también podría ser un gesto hacia Lula, que apoya a Bachelet pese a sus escasas chances.[S1]
La candidatura de un diplomático nuclear
Argentina presentó formalmente la candidatura de Grossi al máximo cargo de la ONU en noviembre de 2025. Es un diplomático experimentado especializado en seguridad internacional y asuntos nucleares, y fue embajador argentino en Austria y ante los organismos internacionales de Viena. Desde 2019 dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica, el primer latinoamericano al frente de la agencia. Su principal carta de presentación para conducir la ONU es su experiencia al frente de un organismo multilateral en algunas de las crisis geopolíticas más sensibles de los últimos años, en particular las vinculadas con los programas nucleares y la guerra en Ucrania.[S1]
También aporta experiencia negociadora entre potencias con intereses enfrentados. Grossi dijo a Clarín que trata temas muy sensibles y delicados con todas ellas en tiempo real, y describió su perfil técnico como imparcial, lo que según él le otorga una capacidad distinta para conseguir apoyos. Las próximas rondas se esperan más adelante en el año, antes de que expire el mandato del actual secretario general, Antonio Guterres.[S1][S2]







