Un papa llega a un bastión laico
El papa León XIV abre este viernes su primer viaje a América Latina en un país donde aproximadamente uno de cada tres habitantes se declara católico, el aborto y la eutanasia son legales y el 25 de diciembre se denomina oficialmente Día de la Familia. Ese país es Uruguay, la nación más laica de la región. En las calles de Montevideo, el entusiasmo de algunos por la llegada del pontífice convive con la indiferencia de quienes evitan toda identificación religiosa, un grupo que las encuestas sitúan cerca de la mitad de la población.[S1]
Soledad Naya, diseñadora industrial de 43 años en Montevideo, respondió que no seguiría ninguna actividad del papa y se definió como atea pese a provenir de una familia católica. Cerca del estadio Centenario, donde se levanta un gran escenario para una vigilia del domingo ante unos 60.000 fieles, Margarita Bentancour dijo no tener expectativas sobre la visita aunque es creyente. Esta empleada doméstica de 59 años explicó que las iglesias no le simpatizan y que Jesús, a su juicio, no necesitó tanto cuando tuvo que ayudar.[S1]
Tras llegar a Montevideo en la tarde del viernes, León XIV tiene previsto reunirse con autoridades de gobierno y eclesiásticas, viajar a otras dos ciudades uruguayas y visitar un barrio popular de la capital con problemas de violencia. El domingo por la tarde debe volar a Argentina y el jueves a Perú, donde vivió décadas. Las constituciones de ambos países invocan a Dios y expresan su apoyo al catolicismo sin declarar una religión oficial.[S1]
Un siglo de separación entre Iglesia y Estado
La Constitución uruguaya, vigente desde 1919, declaró que el Estado no sostiene religión alguna y lo separó formalmente de la Iglesia, tras un proceso de secularización iniciado en el siglo XIX que aún marca a la sociedad. El país de 3,4 millones de habitantes ha visto caer el número de católicos sin que las iglesias evangélicas logren atraerlos como en otras partes de América Latina, lo que según los expertos plantea un reto particular al papa en la región más católica del mundo.[S1]
Andrew Chesnut, catedrático de estudios católicos en la Virginia Commonwealth University, sostuvo que Uruguay ofrece una mirada al futuro religioso de otras naciones latinoamericanas a medida que las generaciones más jóvenes se distancian de la religión organizada. Señaló que el principal desafío para León será demostrar que el catolicismo sigue siendo relevante en un país donde la Iglesia tiene relativamente poca influencia cultural o política. Chesnut añadió que el viaje también pondrá a prueba si el primer papa estadounidense, apoyado en su amplia experiencia pastoral en Perú, puede reconectar con católicos alejados de la Iglesia y ayudar a frenar el éxodo que cambió el panorama religioso de la región.[S1]
Es la tercera visita papal a Uruguay, después de las de Juan Pablo II en 1987 y 1988, cuando el país recuperaba la democracia tras más de una década de dictadura militar. Es también el quinto viaje apostólico de León desde que inició su pontificado en mayo de 2025, tras la muerte de su antecesor argentino Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia.[S1]
Preocupaciones de la Iglesia y tradición laica
El cardenal uruguayo Daniel Sturla afirmó que el objetivo principal del papa es confirmar en la fe a sus hermanos católicos y sostener la unidad de la Iglesia. A su juicio, la vida humana en Uruguay a veces no es valorada en toda su belleza, valor y dignidad, lo que vinculó con la baja tasa de natalidad, el alto índice de suicidios y la aprobación de leyes sobre el aborto y la eutanasia. Sturla, arzobispo de Montevideo, hizo estas declaraciones a BBC Mundo.[S1]
Uruguay despenalizó el aborto voluntario en las primeras 12 semanas de embarazo en 2012, una medida que redujo las muertes de mujeres por procedimientos clandestinos. El año pasado se convirtió en el primer país de América Latina en regular por ley la muerte digna o asistida para adultos en la etapa terminal de una enfermedad irreversible. Ambas normas enfrentaron la oposición de la Iglesia católica y siguen una larga tradición de liberalismo social: en este siglo el país también legalizó el matrimonio homosexual y la marihuana, y en 1913 fue pionero regional al permitir el divorcio por la sola voluntad de la mujer.[S1]
Hace más de un siglo Uruguay también retiró los crucifijos de los hospitales públicos, suprimió la enseñanza religiosa en las aulas del Estado y cambió el nombre oficial de los feriados, convirtiendo la Semana Santa en Semana de Turismo y el 25 de diciembre en Día de la Familia, aunque la gente siguió llamándolo Navidad. En la última encuesta anual de Latinobarómetro, Uruguay registró la menor proporción de personas que se definen católicas entre 17 países latinoamericanos, con 35%, muy por debajo del 67% de Perú, el 55% de Argentina y el promedio regional. Eso representa una caída pronunciada desde 1990, cuando el 60% de los uruguayos se incluía en esa religión.[S1]
Sturla reconoció que la Iglesia ha tenido libertad para actuar en el país, pero sostuvo que la institución y sus fieles han quedado algo arrinconados. Habló de una especie de autocensura católica, al señalar que mostrarse católico o hablar de la fe no está bien visto, lo que lleva a los católicos a replegarse, y consideró que una visita papal ayuda a expresar la fe con mayor publicidad.[S1]
Ceremonia, polémica y expectativas
La llegada de León a Uruguay también generó polémica cuando Rodrigo Goñi, presidente de la Cámara de Diputados por el conservador Partido Nacional, propuso iluminar el exterior del Palacio Legislativo con los colores del Vaticano. Otros diputados advirtieron que eso podría violar la laicidad de las instituciones republicanas, y la iniciativa pareció naufragar. Las manifestaciones religiosas en Uruguay suelen quedar en el ámbito privado, aunque la visita papal ha llamado la atención, incluso de celebridades: la modelo y figura televisiva argentina Pampita dijo que acampará más de 12 horas para ver a León XIV.[S1][S2]







