Un encuentro papal en Lourdes
A las seis de la tarde en Lourdes, el papa León XIV recibió a siete personas que habían sido abusadas sexualmente por sacerdotes, obispos u otros funcionarios de la Iglesia católica. El encuentro tuvo lugar en el tercer día de su viaje a Francia, después de que ya hubiera abordado el tema durante su homilía dominical y de haberlo planteado previamente en una visita a España. El viaje y sus difíciles temas están revelando las principales prioridades de su pontificado.[S1]
Antes de entrar en la sala donde lo esperaban los obispos franceses, el papa se detuvo frente a una fotografía titulada El Niño que Llora, que muestra a un querubín llorando. La imagen había sido colocada en la pared del salón de actos donde se reunieron los obispos franceses en noviembre de 2021, poco después de la publicación del informe Sauvé, que estimó que 330.000 menores habían sido abusados sexualmente en la Iglesia.[S1]
Las víctimas hablan
Una de las víctimas decidió hablar discretamente sobre su encuentro con el pontífice, diciendo que harían recomendaciones. Explicó que tenía muchas ganas de hacerlo, señalando que había pasado por varias dificultades en su vida y que la experiencia de haber sido abusada por el abad Pierre la había fortalecido. El abad Pierre había sido una figura venerada en la caridad francesa hasta que las revelaciones de sus abusos durante años destruyeron su reputación.[S1]
Según esta víctima, León XIV quiere reunirse con cada una de ellas individualmente. Dijo que cada persona tendría cinco minutos para hablar con él, seguidos de una reunión grupal, y que planeaba presentar recomendaciones. En un comunicado, las siete víctimas de violencia sexual que se reunieron con el papa afirmaron que el diálogo no significa condonar los abusos y que no renunciarán a sus demandas. Entre ellas hay víctimas del abad Pierre, de Bétharram y del padre Preynat, así como miembros de grupos de defensa de los derechos humanos.[S1]
Cinco de las víctimas revelaron su identidad, pero advirtieron que no volverían a hablar públicamente hasta después de la reunión. Su declaración señaló que ser recibidos no significa abandonar sus demandas. El anuncio de la reunión a principios de septiembre ya había generado controversia. Varios grupos que no fueron recibidos criticaron el alcance limitado del encuentro y la falta de transparencia en la selección de los participantes por parte de la Iglesia. El hecho de que las personas recibidas fueran vistas inicialmente solo de forma individual también fue objeto de debate.[S1]
El desafío de la reparación
Durante su encuentro con miembros de la Conferencia Episcopal Francesa en Lourdes, el papa pidió a la Iglesia continuar su labor contra el flagelo de la violencia sexual. Ante la crisis de abusos, el papa enfrenta el desafío de brindar reparación a las víctimas. Dijo a los obispos que en los últimos años habían afrontado con firmeza el doloroso flagelo del abuso de menores cometido por miembros del clero o dentro de la Iglesia, y subrayó que era fundamental continuar por el camino emprendido manteniendo la máxima vigilancia.[S1]
Se esperaba con gran interés que el papa abordara este tema, que sigue siendo delicado para la Iglesia en Francia cinco años después de que el informe estimara que 330.000 menores habían sido abusados por la Iglesia católica desde 1950.[S1]







