Déficit récord impulsado por el colapso de las exportaciones y el aumento de las importaciones
La brecha entre lo que Gran Bretaña vende al exterior y lo que compra en alimentos y bebidas se ha ampliado a más de 21.000 millones de libras, el mayor déficit desde 2000. Los volúmenes de exportación cayeron un 11,7% en el primer semestre de 2026 hasta los 4.000 millones de kilogramos, un nivel apenas superior a los mínimos registrados durante la pandemia de Covid y el brote de fiebre aftosa de 2001. La Federación de Alimentos y Bebidas (FDF), que analizó los datos, atribuyó el descenso a una combinación de costes relacionados con el Brexit, el conflicto en Oriente Medio y los nuevos aranceles estadounidenses. Mientras tanto, las importaciones alcanzaron los 19.100 millones de kilogramos en el mismo período, la segunda cifra más alta registrada y solo ligeramente por debajo del máximo del año pasado.[S1]
Las ventas a la UE cayeron un 0,9% en valor, lo que refleja el gasto adicional y la complejidad del comercio tras el Brexit. Las exportaciones a países fuera de la UE disminuyeron aún más, un 6,9% en valor. Un factor importante fue la disrupción del comercio con Oriente Medio, con las exportaciones a los EAU cayendo casi una cuarta parte debido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Al otro lado del Atlántico, la introducción por parte de Estados Unidos de un arancel de importación del 10% redujo las ventas un 16,5%. Del lado de las importaciones, los productos de fuera de la UE han aumentado más de una quinta parte desde 2023, ya que los acuerdos comerciales, en particular con Australia, han relajado las restricciones. Los envíos australianos al Reino Unido han crecido un 25% en valor interanual, incluidos carne, aceites, verduras e incluso whisky.[S1]
Los líderes del sector advierten que la seguridad alimentaria es seguridad nacional
Tom Bradshaw, presidente del Sindicato Nacional de Agricultores de Inglaterra y Gales, describió las cifras como una llamada de atención. Argumentó que, con la incertidumbre geopolítica en aumento, el país no puede dar por sentada su capacidad de producción alimentaria. Bradshaw dijo que el déficit creciente subraya la necesidad de un plan a largo plazo para apoyar la producción británica y reconocer que la seguridad alimentaria es seguridad nacional. Señaló las inmensas presiones sobre las empresas agrícolas, incluidos el aumento de costes, las cargas regulatorias, el clima extremo y la volatilidad del mercado global, e instó al gobierno a crear condiciones que den a las empresas confianza para invertir, innovar y crecer.[S1]
La FDF, que representa a cientos de productores de alimentos y bebidas, afirmó que las presiones sobre los fabricantes son significativas y crecientes a medida que siguen aumentando los costes de energía, ingredientes, transporte, envases y mano de obra. También citó la cambiante regulación como una carga adicional. Karen Betts, directora ejecutiva de la asociación comercial, señaló que el déficit es ahora el mayor en más de 25 años y plantea serias preguntas sobre la seguridad alimentaria en un mundo azotado por conflictos y el cambio climático. Criticó la decisión del gobierno de eliminar los aranceles sobre productos como las galletas importadas de China, diciendo que no sorprende que se vendan más baratas en el Reino Unido que las galletas de producción nacional.[S1]







