La diócesis busca salir de la bancarrota
La Diócesis Católica Romana de Burlington pidió a un juez de la Corte de Bancarrota de Estados Unidos que desestime el caso de Capítulo 11 que inició hace dos años, argumentando que las conversaciones de acuerdo con sobrevivientes de abuso sexual del clero llegaron a un punto muerto. En una presentación judicial, los abogados de la iglesia dijeron que continuar la mediación no sería productivo y que la desestimación preservaría los recursos diocesanos mientras permitiría a la diócesis y a los sobrevivientes buscar una resolución fuera del costoso proceso de bancarrota. La diócesis ha gastado 2 millones de dólares en honorarios legales, incluido el abogado de los acreedores ordenado por la corte, sin un final a la vista, según los registros judiciales. La jueza Heather Cooper fijó una audiencia sobre la solicitud de desestimación para el 8 de diciembre.[S1][S2]
La medida llegó después de que las sesiones privadas de mediación del lunes y martes terminaran con la diócesis presentando lo que llamó su mejor y última oferta: un acuerdo colectivo de 29,4 millones de dólares que promediaría unos 247.000 dólares para cada uno de los más de 100 denunciantes. El comité que representa a los acreedores rechazó la propuesta. La diócesis dijo que el acuerdo se financiaría en parte con millones recaudados por ventas recientes y pendientes de propiedades diocesanas, incluidos hogares de cuidado de ancianos y el campus de la Escuela Secundaria Rice Memorial. El obispo John McDermott escribió a los feligreses que estaba extremadamente decepcionado con el proceso de bancarrota y que creía que la diócesis había hecho un esfuerzo de buena fe para resolverlo de manera oportuna y justa, pero que su mejor oferta no fue aceptada.[S1][S2]
Los activos parroquiales, en el centro de la disputa
Las conversaciones de acuerdo se desarrollaron mientras la corte se acercaba a fallar sobre una pregunta clave: si una porción de más de 400 millones de dólares en activos que la diócesis transfirió a parroquias locales en las últimas décadas debería estar disponible para los denunciantes de abuso. Los funcionarios de la iglesia han reconocido que trasladaron activos a cuentas de fideicomiso parroquiales separadas para proteger a las iglesias locales de litigios por abuso sexual, pero sostienen que las transferencias fueron legítimas y que la bancarrota debería limitarse a los activos diocesanos. El domingo, la jueza Cooper falló que el comité que representa a los denunciantes de abuso sexual podía defender su argumento de que los recursos parroquiales forman parte del patrimonio diocesano, preparando el terreno para un procedimiento legal de alto riesgo.[S1][S2]
Los abogados de los denunciantes dijeron que se opondrán a la desestimación. Brittany Michael, abogada del comité de acreedores, dijo que la diócesis no está siendo obligada a litigar, sino que elige litigar cada asunto por la vía difícil y luego culpa de la factura a los demás. Daniel Stack, miembro del comité cuya propia denuncia de abuso quedó en pausa cuando la diócesis se declaró en bancarrota, dijo que la diócesis evitó rendir cuentas en vísperas de su juicio hace dos años y ahora quiere abandonar el proceso por completo. Describió la solicitud como un segundo intento de evitar la rendición de cuentas y dijo que no es la conducta de una institución que actúa de buena fe.[S1][S2]
Qué significaría la desestimación
Terminar la bancarrota sin un plan de reorganización no borraría los desafíos financieros de la diócesis. Reactivaría las demandas por abuso que la presentación del Capítulo 11 dejó de lado y devolvería a la iglesia y a los denunciantes al litigio bajo una ley estatal que levantó el plazo de prescripción para las denuncias de abuso sexual. La diócesis se había declarado en bancarrota el 30 de septiembre de 2024, diciendo que una serie de casi 70 acuerdos por mala conducta de sacerdotes había reducido a la mitad sus tenencias monetarias, a unos 35 millones de dólares, con más de 100 otras denuncias de abuso que se remontan hasta 1950 aún sin resolver. El obispo McDermott había presentado la bancarrota como la forma más equitativa de manejar la avalancha de demandas y preservar la misión religiosa de la diócesis, una maniobra que los grupos de sobrevivientes criticaron en su momento.[S1][S2]







