Preguntaría primero qué nos dice la trayectoria proyectada de aumentos de tasas del Banco de Japón sobre los términos en que se presta y se toma dinero prestado. Mi propia observación ha sido que cuando la tasa legal se fija por debajo de la tasa más baja del mercado, el efecto es casi el mismo que una prohibición total del interés: el acreedor no prestará por menos de lo que vale el uso del dinero, y el deudor debe pagar por el riesgo que corre el acreedor. Aquí, la proyección del asesor de aumentos trimestrales hasta enero de 2027 sugiere un ajuste deliberado del precio pagado por el uso del dinero, pero el artículo no nos dice si este precio está por encima o por debajo de la tasa de mercado que los prestatarios con la seguridad más indudable pagarían de otro modo.
El éxito de cualquier expediente monetario de este tipo, como señalé respecto del crédito en papel en Pensilvania, depende de tres circunstancias: la demanda de un instrumento de comercio, el buen crédito del gobierno que hace uso de él y la moderación con que se usa. Un banco central que aumenta las tasas trimestralmente está, en efecto, gestionando el valor del instrumento que emite. Si los aumentos son moderados y siguen el ritmo de la demanda de dinero, pueden apoyar una circulación ordenada; si superan lo que el mercado puede soportar, corren el riesgo del desorden que surge de un desajuste entre la tasa nominal y el valor real del crédito. El artículo nos da la proyección, pero no la evidencia de la demanda, la solvencia o la moderación—por lo que me abstendría de juzgar si esta trayectoria es prudente.