Una noche de honores y emociones
Alejandro Dolina, el escritor, músico y pensador argentino, fue distinguido con el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires (UBA) el viernes 3 de septiembre. La ceremonia se realizó en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, donde más de 700 asistentes, entre estudiantes, docentes, periodistas y amigos, se reunieron para celebrarlo. Los aplausos y muestras de cariño del público continuaron durante todo el acto, incluso durante los discursos formales y un breve ataque de tos que interrumpió al homenajeado.[S1][S2]
La distinción fue impulsada por dos de las cinco carreras de esa facultad: la licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, representada por su directora Larisa Kejval, y la de Ciencias Políticas, representada por su director Miguel De Luca. La propuesta recibió apoyo unánime en todas las instancias formales. El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, y el vicedecano de Sociales, Diego de Charras, entregaron a Dolina el diploma y la medalla.[S1][S2]
Reflexiones de Dolina sobre la alegría y la educación pública
En su discurso de aceptación, Dolina reflexionó sobre la naturaleza de la alegría a cierta edad, señalando que viene acompañada de una deliciosa melancolía y una noble tristeza, no por los achaques físicos sino porque uno comprende mejor la naturaleza trágica de la existencia humana. Expresó que no poder disfrutar plenamente de esta alegría lo alegra muchísimo, un sentimiento que resonó en el público.[S1]
Dolina elogió a la universidad pública como un lugar donde se recibe pero también se da, creando momentos de comunión a pesar de la tendencia de la vida a la soledad. Recordó sus tiempos de estudiante de Derecho, destacando la importancia de los compañeros por sobre los profesores, a quienes veía demasiado lejanos. También bromeó sobre sentirse un poco farsante e impostor, ya que no proviene del mundo académico, y rechazó con humor la idea de la 'universidad de la calle', argumentando que el verdadero aprendizaje se encuentra mejor en las instituciones formales que en las esquinas.[S1]
Concluyó instando a los gobiernos a priorizar la inauguración de universidades y colegios por sobre otros establecimientos, una declaración que provocó una estruendosa ovación. Sus palabras subrayaron una profunda creencia en el poder transformador de la educación y el intercambio intelectual comunitario.[S1]
Un diálogo con Gabriel Rolón
Tras las formalidades, Dolina invitó al psicólogo y escritor Gabriel Rolón al estrado, recreando los duelos de ingenio y erudición que compartieron durante catorce años en el programa radial 'La venganza será terrible'. Rolón, actuando como un espontáneo tutor de doctorado, recorrió los grandes temas de la obra de Dolina, como el amor, la poesía, la filosofía, la mitología y la música.[S1]
Rolón recitó versos escritos por Dolina, entre ellos 'La duda es la vida', lo que dio pie a una discusión sobre la naturaleza de las preguntas y las respuestas. Dolina explicó que las respuestas son definitivas y deben evitarse, ya que las preguntas abren mientras que las respuestas clausuran. También describió la mitología como la ciencia reemplazada por la poesía, una construcción que da sentido al mundo a través de metáforas.[S1]
Emocionado hasta las lágrimas, Rolón expresó su gratitud a Dolina por su generosidad, por abrir puertas que de otro modo no se habrían abierto, y por ser un ejemplo de artista y pensador. Admitió que pensaba que la UBA ya no podría hacerlo más feliz que el día que recibió su título de psicólogo, que tanto le costó, pero se equivocaba, ya que este momento lo superó.[S1]
Reconocer el saber más allá del aula
El vicedecano Diego de Charras explicó que el doctorado Honoris Causa es la máxima distinción de la universidad, destinada a reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas pero que es tanto más importante, especialmente en una facultad dedicada al estudio de la cultura popular. Señaló que la Facultad de Ciencias Sociales, nacida en 1988, vivió con intensidad los finales de los 80 y principios de los 90, cuando la figura de Dolina circulaba como el Ángel Gris por sus pasillos.[S1]
Larisa Kejval, directora de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social, leyó la laudatio, repasando la vida y obra de Dolina con un estilo acorde al homenajeado. Enumeró sus múltiples roles —escritor, ensayista, observador, actor, conductor de radio, cómico, filósofo, orador, pensador y músico— y destacó cómo sus personajes trascendieron la ficción para incorporarse a la realidad cotidiana, reuniendo imaginación, humor, música, literatura, amor y melancolía.[S1][S2]






