Una obra de toda una vida llega por fin al cine
Travis Knight, al frente del estudio independiente de animación Laika y director de Wildwood, describe el proyecto como algo que ha ocupado más de la mitad de su carrera. La película consumió 231 semanas de producción y, ahora que está terminada, dice que atraviesa una especie de bajón, sin saber qué hacer con el tiempo y con la sensación de que el trabajo lo absorbía por completo. Llevaba años sin conceder una entrevista extensa, en buena medida por las exigencias del filme.[S1]
La promoción ya lo ha llevado a Telluride y a Annecy, en Francia, para presentaciones especiales, y el estreno mundial lo devolvió a Londres, donde acababa de terminar la posproducción. Wildwood llega a las salas el 23 de octubre. Knight, de 53 años, habló en Beverly Hills una tarde de mucho calor, recién llegado desde Londres, y reconoció con franqueza que la parte del oficio que menos le gusta es vender la película, porque dirigir Laika implica estar actuando en cierto modo casi todo el tiempo.[S1]
Artesanía con un presupuesto más ajustado
Laika se hizo un nombre con largometrajes stop-motion artesanales como Coraline y Kubo and the Two Strings, este último el debut de Knight como director. Esas cintas se hicieron con una fracción de lo que gastan rivales como Pixar e Illumination, y aun así lograron buenos resultados de taquilla y nominaciones al Óscar. Knight no quiso revelar el presupuesto de Wildwood, pero afirmó que es la más costosa del estudio hasta la fecha, y sostuvo que Laika siempre ha puesto en pantalla más de lo que sugiere el dinero invertido.[S1]
Chris Butler, habitual de Laika, adaptó la novela fantástica de Colin Meloy publicada en 2011. La historia gira en torno a Prue, interpretada por Peyton Elizabeth Lee, una adolescente de Portland, Oregón, que se adentra sin saberlo en un bosque encantado para rescatar a su hermano pequeño secuestrado. El resultado es una aventura visual y dramáticamente ambiciosa, poblada de criaturas extrañas y construida en torno a la familia, el duelo y el paso a la edad adulta, con una acción cuya minuciosidad física resulta novedosa para el medio.[S1]
Las cifras de producción son llamativas: 233 marionetas hechas a mano, cientos de miles de rostros de repuesto, 132 decorados reales y 728 árboles en miniatura que representan 10 especies propias del noroeste del Pacífico. Solo la batalla culminante supera los 400 planos. El rodaje comenzó hace poco más de cinco años y en la película trabajaron más de 1.000 personas. Knight sostiene que la historia podría haberse contado en imagen real con efectos visuales, en dibujo animado o íntegramente por computadora, pero que hacerla así es lo que la define, porque el público ve manos humanas insuflar vida a los materiales.[S1]
Elogios de la crítica y una prueba comercial
Las reseñas han sido favorables: The Hollywood Reporter calificó la película como la obra maestra de Laika y el Financial Times describió esta aventura fantástica como una maravilla del stop-motion. La incógnita es si el público responderá. Laika trabajó antes con Focus Features y United Artists; en esta ocasión se ha asociado con Fathom, orientada a eventos, y se encarga ella misma de la mercadotecnia. Las proyecciones apuntan a una recaudación de estreno en la decena alta de millones, un rango habitual en los éxitos de boca a boca de Laika.[S1][S4]
Knight es directo sobre lo que está en juego para una compañía independiente que carga con tanto peso: califica el estreno de gran experimento y admite que podría fracasar sin más, un desenlace que describió entre risas como algo un poco aterrador. También ha trazado una línea firme contra la inteligencia artificial en el cine, al argumentar que no es una herramienta para este tipo de realización.[S1][S3]
De la infancia junto a Nike a un desvío por el hip-hop
Knight es hijo de Phil Knight, fundador de Nike, y creció en Oregón, donde sigue viviendo. Dice que no comprendía lo difíciles que fueron para sus padres los primeros años de la empresa. Se describe como un niño raro sin vocabulario para explicarlo, y señala que el término neurodivergencia no existía en los años ochenta, que hacía amigos despacio y que estaba a gusto en su propia compañía. Su padre lo empujaba hacia el deporte, que no disfrutaba, y lo llevaba a cenas de negocios donde él se sentaba en un rincón a dibujar.[S1]
Sus padres eran lectores voraces y amantes del cine, y el primer libro que su madre le leyó fue El señor de los anillos. Lo animaron a dibujar desde que tiene memoria y lo absorbieron clásicos animados como Furia de titanes, de 1981, y la obra de Ray Harryhausen. Al principio le parecía impensable dedicarse a ese campo y tomó primero un rumbo muy distinto: antes de ser adulto firmó un contrato discográfico destacado como el artista de hip-hop Chilly Tee, tras haber mantenido privado su amor por la música hasta que los contactos de su padre lo pusieron bajo los reflectores.[S1]







