Preguntaría primero qué nos dice realmente el informe. Una tasa de ingresos anualizada quedó unos veinte mil millones de dólares por debajo de lo que se había anticipado, y el precio de mercado de las acciones de IA cayó con fuerza. El precio nos dice menos que la disposición del capital que hay detrás. Cuando un rendimiento proyectado no aparece, la cuestión no es si la cifra es grande o pequeña, sino cuán distantes son los retornos finales y cuántas manos deben esperarlos.
Un capital empleado en un comercio más cercano regresa con más frecuencia y da más aliento a la industria; un capital enviado a un comercio exterior de consumo indirecto debe esperar los retornos de dos o tres comercios distintos antes de poder emplearse de nuevo. Si los beneficios de quienes comercian con tales mercancías están por encima de su nivel propio, las mercancías se venden más caras de lo que deberían, y los empleos más cercanos quedan oprimidos por ese alto precio. El interés de los implicados exige que se retire algo de capital de los empleos más cercanos y se oriente hacia el distante, para reducir sus beneficios a su nivel propio y el precio de las mercancías a su precio natural.
Distinguiría la previsión del resultado. Cuando, por un aumento de la demanda efectiva, el precio de mercado de alguna mercancía sube bastante por encima del precio natural, quienes abastecen ese mercado suelen cuidarse de ocultar el cambio; si se conociera comúnmente, el gran beneficio tentaría a tantos rivales nuevos que el precio pronto se reduciría. Los secretos de este tipo rara vez pueden guardarse mucho tiempo, y el beneficio extraordinario dura muy poco más de lo que se guardan. La caída del precio de mercado no es, por tanto, un veredicto sobre la empresa misma, sino una señal de que la demanda efectiva ha sido abastecida, o de que los retornos esperados eran más distantes de lo que implicaba la previsión.