Un reencuentro tras 1.711 días
Dmytro esperaba el sábado cerca de la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, atento a la carretera por la que debía llegar el autobús con su esposa Larisa, a quien no veía desde hacía 1.711 días. La hija de la pareja había logrado salir antes, pero Larisa se quedó en Oleshky, su ciudad natal en el sur de Ucrania, por temor a que un control militar ruso la retuviera durante la filtración, el interrogatorio a menudo violento al que se sometía a los ucranianos antes de permitirles llegar a zonas bajo control ucraniano.[S1]
Cientos de personas, junto con muchas mascotas, llegaron a Ucrania el sábado por la tarde después de abandonar la ciudad del frente bajo un alto el fuego que pidió el papa León XIV y que la primera dama Melania Trump ayudó a negociar. El presidente Volodímir Zelenski anunció las llegadas en Telegram y agradeció a Trump su mediación, y calificó la situación en Oleshky como una auténtica catástrofe humanitaria en territorio temporalmente ocupado por Rusia.[S1][S2][S3][S4][S5][S6][S7]
Dmytro, cuyo apellido no puede publicarse por razones de seguridad, sirve en el ejército ucraniano, lo que dejó a Larisa en una situación vulnerable cuando Rusia tomó el control de Oleshky. Ella permaneció en la ciudad esperando un milagro y, según el relato de su familia, su vida allí se convirtió en una pesadilla.[S1]
Inundación, combates y hambre en Oleshky
Oleshky quedó anegada en 2023 tras el colapso de la cercana presa de Nova Kajovka, muy probablemente por una explosión rusa. Se informó de varios cientos de muertos por las inundaciones y la ciudad sufrió daños graves, mientras las autoridades instaladas por Rusia se mostraron incapaces o sin voluntad de financiar reparaciones. Después llegó más destrucción durante años de intensos combates en la zona.[S1]
La situación humanitaria se deterioró bruscamente en los últimos meses. Las autoridades ucranianas informaron en septiembre de que la ciudad se había quedado sin alimentos ni otros suministros, sin electricidad, gas ni medicinas, y los relatos de esa época decían que los residentes sobrevivían comiendo hierba y maleza.[S1]
Andriy Zhydenko, director del Hospital Regional de Chernígov, esperaba en la frontera con su personal para atender a los recién llegados. Dijo que los efectos de la desnutrición prolongada serían una preocupación central, porque quienes han pasado hambre durante tanto tiempo deben alimentarse de forma gradual y una cantidad excesiva de comida demasiado rápido podría ser peligrosa. Describió pacientes con heridas, supervivientes de ictus y personas con movilidad reducida, y afirmó que todo su personal quiso venir, añadiendo que los evacuados habían sufrido mucho y que allí no hay humanidad.[S1]
Una salida larga y peligrosa
Alrededor del 40% de la población de Oleshky antes de la guerra, unas 24.000 personas, alcanzó territorio controlado por Ucrania mientras la huida aún era posible al inicio de los combates, según el Instituto para el Estudio de la Guerra, un observatorio de conflictos con sede en Estados Unidos. Miles más han salido desde entonces, pero muchos se quedaron, incapaces o sin voluntad de irse.[S1]
Zhanna Ptakhova y sus hijas Elizaveta y Daria Paliy estuvieron entre quienes salieron a tiempo. El esposo de Ptakhova y padre de las niñas permaneció en Oleshky para cuidar la casa hasta que la familia pudiera regresar con seguridad, algo que nunca ocurrió. Ptakhova contó que las condiciones allí eran terribles, sin electricidad, gas ni calefacción, y que él adaptó la vivienda a una forma de vida primitiva: construyó una estufa, crió gallinas, plantó un huerto y sobrevivió gracias a su propio esfuerzo. Tras tres años separados, la familia iba a reunirse.[S1]
Las rutas hacia Oleshky están muy minadas y sembradas de restos de drones y vehículos, y cruzar el río Dniéper directamente hacia territorio ucraniano no es posible. El defensor del pueblo ucraniano, Dmytro Lubinets, viajó a Oleshky para escoltar personalmente a los evacuados, y se convirtió en el primer alto cargo ucraniano en visitar abiertamente zonas bajo control ruso desde el inicio de la guerra. Tras concluir el jueves una operación de desminado de dos días, quienes querían salir se reunieron el viernes y pasaron por la ocupada península de Crimea hasta Anapa, en la región rusa de Krasnodar, y luego volaron de Anapa a Gómel, en Bielorrusia, según el Ministerio de Defensa ruso y funcionarios ucranianos.[S1]







