Arreglos funerarios y seguridad
El martes 18 de agosto, China bajó las banderas nacionales en los edificios gubernamentales para honrar al expremier Zhu Rongji, quien falleció la semana pasada a los 97 años. La seguridad se reforzó en Pekín, especialmente alrededor de la Plaza de Tiananmén, que se encuentra en la ruta hacia el crematorio de Babaoshan, donde normalmente se incinera a los altos líderes.[S1]
Reformas económicas y legado
Zhu se desempeñó como viceprimer ministro de 1991 a 1998 y primer ministro de 1998 a 2003, impulsando la reestructuración económica de China en los años noventa. Frenó la inflación, endureció los sistemas fiscales y bancarios, y promovió reformas en el sector estatal que costaron millones de empleos. Sus esfuerzos también allanaron el camino para la adhesión de China a la OMC en 2001.[S1]
En 1988, antes de convertirse en alcalde de Shanghái, Zhu dijo a los funcionarios que su rasgo definitorio era el pensamiento independiente y que debía decir lo que realmente pensaba. Su membresía del partido fue revocada a fines de los años cincuenta por un discurso incauto de tres minutos, y no fue restaurada durante unas dos décadas.[S1]
Reacción pública y contexto histórico
La muerte de Zhu provocó un amplio luto en las redes sociales chinas, pero también atrajo una minoría de publicaciones que acogieron su fallecimiento. Al igual que otros expremieres fallecidos en la última década, su muerte fue tratada de manera sobria y estrictamente controlada, con expresiones públicas de dolor bajo mayor seguridad, escrutinio y censura.[S1]
Las muertes de líderes populares han representado durante mucho tiempo un posible desencadenante de emoción pública e inestabilidad. En 1976, tras la muerte de Zhou Enlai, decenas de miles se reunieron en la Plaza de Tiananmén, y su luto se convirtió en protesta contra la Revolución Cultural y sus funcionarios radicales.[S1]






