Una remontada feroz se queda corta
Venus y Serena Williams regresaron a la cancha de dobles del US Open por primera vez desde 2022, pero su vuelta terminó en una desgarradora derrota en el tie-break del tercer set. Las hermanas, que no habían jugado juntas desde el supuesto torneo de despedida de Serena hace dos años, lucharon durante más de tres horas en un rugiente Arthur Ashe Stadium antes de caer 6-3, 6-7 (6), 7-6 (7) ante Chan Hao-ching y Maya Joint en la primera ronda.[S1]
Las hermanas Williams mostraron su característica resiliencia, remontando un déficit de 1-4 en el set final y estableciendo una ventaja de 5-0 en el tie-break decisivo. Sin embargo, justo cuando la victoria parecía al alcance, sus oponentes se estabilizaron y cerraron el partido, dejando a las hermanas y a la multitud incrédulas.[S1]
Un partido más importante que los individuales
Esta aparición en dobles tuvo un peso inusual, eclipsando las campañas individuales de las hermanas. Serena, de 44 años, se había saltado el cuadro individual tras una lesión en la rodilla en Wimbledon, mientras que Venus, de 46, sufrió su decimoquinta derrota consecutiva en individuales antes en el torneo. Sin embargo, la perspectiva de ver a las hermanas unirse de nuevo atrajo la atención, convirtiendo este en el partido que todos querían presenciar.[S1]
El juego de Serena mostró signos de oxidación, con su servicio fallando bajo presión, mientras que Venus a menudo parecía la mejor jugadora en la cancha pero fallaba voleas clave. A pesar de sus dificultades, las hermanas produjeron momentos de brillantez y llevaron a sus oponentes, cabezas de serie, al límite.[S1]
¿Qué sigue para las hermanas?
Serena ha dicho que su regreso se trata de disfrutar, no de títulos, y quiere mostrar a sus hijas el mundo que solía habitar. Ninguna de las hermanas indicó que este sería su último partido, y declinaron una conferencia de prensa posterior al partido, dejando sus planes futuros inciertos.[S1]
Las hermanas han competido durante más de tres décadas, con Venus comenzando en 1994 y Serena en 1995. Hicieron historia en 2001 como las primeras hermanas en enfrentarse en una final de Grand Slam. Su pasión perdurable fue evidente mientras dejaban la cancha sin una victoria pero con la admiración de 23,000 aficionados.[S1]






